Hay momentos en la vida de una persona en los que comienza a andar y se cae. Momentos en los que va corriendo, resbala, y cae. Momentos en los que la persona está tan enamorada que flota...y luego cae. Momentos en los que va a sentarse en una silla y se cae. Momentos en los que no ve el escalón, tropieza, y cae. Momentos en los que se ilusiona, y se siente en las nubes; y momentos en los que se desilusiona y cae de esas nubes. E incluso momentos en los que se cae de la cama o del sofá.
A mí, a veces, me gusta acostarme en el suelo. Podemos caernos de tantos sitios que a veces es bueno situarse en el lugar donde caes, en el lugar de donde ya no puedes caer. Entonces te sientes protegido. Estás tranquilo. Estás seguro de que en ese momento no te vas a caer. Y eso es lo bueno de estar en el suelo, que la opción de caerse ya no existe, sólo existe la opción de levantarse. Y, de hecho, no tienes más opciones

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